Aporte de la Clase 4 - Proceso de desarrollo de la epistemología
Con el fin de sentar las bases
para el abordaje de las creencias epistemológicas haremos alusión al concepto
de epistemología que, como es sabido, corresponde a una rama de la filosofía
que se aboca al estudio de la naturaleza, la fuente y la justificación del
conocimiento (Hofer y Pintrich, 1997). La epistemología, asimismo, ha sido
vinculada directamente con la ciencia. Bunge la define como “...una rama de la
filosofía que estudia la investigación científica y su producto, el
conocimiento científico” (Bunge, 2013: 21), y considera que ha llegado a ser una rama
muy importante de la filosofía, tanto en lo conceptual como en lo profesional.
Este autor destaca la utilidad de la epistemología por su contribución al
desarrollo y modificación significativa del trasfondo filosófico de la
investigación científica.
Por otra parte, en la actualidad la epistemología
también ha sido abordada por la rama de la psicología que se orienta a la
investigación de las concepciones personales acerca del conocimiento, el
proceso de conocer y su influencia en el aprendizaje (Hofer y Bendixen, 2012). Este tipo de epistemología hace
referencia a lo que las personas creen acerca de lo que es el conocimiento, ya
sea de manera tácita o explícita, y lo que piensan con respecto a cómo se puede
conocer. Ello implica cuestionamientos en torno a cómo se desarrolla, se
interpreta, se evalúa y se justifica el conocimiento (Hofer y Pintrich, 1997). El concepto de creencias
epistemológicas hace referencia a las concepciones personales, las cuales
tienen su equivalente en el concepto de epistemología personal. En este
sentido, Pintrich (2002: 390) señala que existe consenso en que la
“epistemología personal concierne a la cognición que tiene un individuo
respecto de la naturaleza del conocimiento y de la naturaleza del conocer”.
En este marco conceptual del campo de la psicología
de la educación enfocada al estudio de las creencias epistemológicas, hay
acuerdo en establecer una distinción entre el concepto de creencias y el de
conocimiento, en tanto que las creencias se caracterizan por contar con un
mayor compromiso afectivo, una adherencia limitada a la lógica, resistencia al
cambio y una fuerte influencia en el pensamiento (Schommer-Aikins, 2004). En una línea coincidente, Pajares (1992) refiere que los sistemas de creencias, en
contraste con los sistemas de conocimiento, no se constituyen mediante un
consenso general o grupal con respecto a su validez o idoneidad, y tampoco se
les requiere una consistencia interna dentro del mismo sistema. Desde esta
lógica, las creencias de tipo epistemológico pueden ser consideradas certezas
subjetivas respecto de qué es el conocimiento y cómo éste puede ser obtenido.
Así, además de tener influencia en los aprendizajes, podrían repercutir en el
significado que el conocimiento científico -y los procesos que conducen a su
obtención o desarrollo- tienen para un investigador en formación y, por
consiguiente, en su comprensión de los aspectos epistemológicos implicados en
los procesos investigativos de la ciencia.
En la actualidad, las creencias epistemológicas -o
epistemología personal- también se vinculan directamente con procesos
cognitivos tales como la metacognición y la autorregulación (Green et al., 2010), ambos interrelacionados y enfocados
a la toma de conciencia sobre las características del propio conocimiento, de
cómo éste se construye, y de lo que se puede llevar a cabo en una situación
concreta para el logro de nuevos aprendizajes. Así también, involucran a la
toma de conciencia sobre el razonamiento acerca de la epistemología de la ciencia,
temática esencial en los procesos de enseñanza-aprendizaje que son parte de la
formación de investigadores (Colombo de Cudmani y Salinas de Sandoval, 2004). Lo anterior
se debe a que los aprendizajes referentes a la lógica del razonamiento, el
análisis crítico y la construcción de nuevo conocimiento son fundamentales en
este tipo de contexto formativo, además de que no se ciñen únicamente a
determinada formación disciplinar, dado que también involucran al sujeto
pensante (Zemelman, 1998).
Las creencias epistemológicas han sido abordadas
desde distintas perspectivas. Las indagaciones iniciales fueron realizadas
por Perry (1970) en la Universidad de Harvard; mediante el
desarrollo de estudios longitudinales, este autor determinó los cambios que se
presentaron en las creencias epistemológicas de los estudiantes universitarios
a lo largo de su formación. Ello requirió el análisis de las perspectivas
personales en torno al conocimiento, el proceso de conocer y el aprendizaje.
Los resultados sugieren que en los inicios de sus estudios universitarios
dichos aprendices suelen creer que el conocimiento consiste en hechos simples e
inmodificables trasmitidos por la autoridad. Posteriormente, sus creencias
presentan modificaciones orientadas hacia una concepción en la que el
conocimiento se comprende como un conjunto de conceptos complejos, flexibles y
tentativos basados en el razonamiento.
La concepción de Perry (1970) y de sus seguidores asumía a la
epistemología personal desde una perspectiva unidimensional y con un desarrollo
progresivo en etapas fijas. A partir de las indagaciones de Schommer-Aikins (1990) surgieron conceptualizaciones
distintas en torno a las creencias epistemológicas; esta autora considera que,
debido a su naturaleza compleja, las creencias acerca del conocimiento no
pueden ser comprendidas en una sola dimensión. Identifica cinco dimensiones con
más o menos independencia entre sí: la estructura, la certeza y la fuente del
conocimiento, así como el control y la velocidad de la adquisición del
conocimiento. Estas dimensiones han sido referentes importantes para las
investigaciones sobre dicha temática. La relativa independencia entre ellas
implica que podrían desarrollarse o no en sincronía. Un factor clave que
diferencia al modelo desarrollista (Perry, 1970) del modelo dimensional (Schommer-Aikins, 1990) radica en que el primero concibe que
las creencias cambian a través del tiempo de manera sistemática, mientras que
el segundo considera que las dimensiones de las creencias pueden desarrollarse
de manera asincrónica (Sandoval et al., 2016).
Posteriormente surgieron otras conceptualizaciones,
entre ellas la de Hofer y Pintrich (1997), de notable influencia en el campo de
la investigación sobre las creencias epistemológicas y que hemos tomado como
base para el desarrollo del presente texto. Los autores lograron una clara síntesis
y yuxtaposición de los modelos desarrollistas, basados en los aportes de Perry,
y los modelos dimensionales fundamentados en los aportes de Schommer-Aikins (Sandoval et al., 2016). Asimismo, caracterizaron a la
epistemología personal en términos de teorías epistemológicas relativamente
coherentes y la definieron como “…creencias individuales acerca de la
naturaleza del conocimiento y del proceso del conocer” (Hofer y Pintrich, 1997: 117).
Por su parte, estos autores conciben a las creencias
epistemológicas como aquéllas vinculadas al aprendizaje, la inteligencia y la
enseñanza, así como a los procesos generales de pensamiento y razonamiento.
Asimismo, no comprenden a estos dos últimos aspectos como centrales de las
creencias epistemológicas, debido a que los procesos generales de pensamiento y
razonamiento no se ocupan explícitamente de la naturaleza del conocimiento, y a
que sus rasgos constitutivos son distintos a los de las creencias
epistemológicas. Dado esto, resulta necesario distinguir conceptualmente estos
procesos para favorecer el desarrollo de procesos investigativos y de
teorización en el campo que abonen a la comprensión de su estructura y función.
A partir de la utilización de métodos cualitativos de
investigación, y de una revisión exhaustiva de la literatura, Hofer y Pintrich (1997) señalan que hay dimensiones de
las creencias epistemológicas que aparecen con consistencia y que corresponden
a los aspectos centrales de la estructura de dicha epistemología personal.
Estas dimensiones se agrupan en dos áreas: 1) naturaleza del conocimiento; y 2)
proceso de conocer o de obtención de conocimiento. Ambas, en conjunto, constan
de cuatro dimensiones que, señalan los autores, se encuentran representadas en
distintos modelos sobre creencias epistemológicas. A su vez, las dimensiones se
configuran a través de un continuum que denota una graduación de las creencias
y que abarca desde un mayor nivel de simplicidad o ingenuidad hasta un alto
nivel de sofisticación o complejidad. En las líneas que siguen se aborda dicho
continuum.
La primera área, naturaleza del conocimiento,
corresponde a la idea acerca de qué es el conocimiento, y se compone de dos
dimensiones:
b.
Estructura del conocimiento: hace alusión a la idea que
tienen las personas acerca de cómo está configurado o estructurado el
conocimiento. En un extremo del continuum está la idea de que está constituido
por una serie de hechos y datos aislados y sin conexión; y en el extremo
contrario, el conocimiento se concibe como un conjunto de conceptos altamente
interrelacionados que pueden integrarse a teorías complejas y formar una
estructura coherente. Así, el continuum inicia con la idea de que el
conocimiento consiste en la acumulación de más o menos hechos y conceptos
aislados (creencias ingenuas) y en su otro extremo se entiende que consiste en
un alto nivel de interconexión, precisión y jerarquización conceptual
(creencias sofisticadas). Dadas las características de esta dimensión, se
podría asumir que las personas que ubican al conocimiento sobre un tema
específico de la ciencia en la perspectiva ingenua o simple, probablemente
podrán presentar dificultades para integrar de manera coherente contenidos
científicos que pertenecen a enfoques distintos, e incluso contrarios (Sinatra et al., 2014). Asimismo, este tipo de creencia ingenua
respecto del conocimiento guarda similitud con uno de los obstáculos
epistemológicos para el acceso al conocimiento científico propuesto por Bachelard (2000): el conocimiento general, en tanto que
ninguno de ellos pretende lograr una precisión, delimitación, diferenciación y
coherencia de los atributos de los objetos de conocimiento.
La segunda área es la concerniente al proceso de
conocer (creencia sobre cómo se llega a conocer), la cual se integra por las
siguientes dimensiones:
b.
Justificación del conocimiento: corresponde a aquello que
permite hacer válido al conocimiento. Esta dimensión se refiere a las creencias
acerca de cómo se fundamentan las afirmaciones y se construyen argumentos sobre
el conocimiento, así como en torno a cómo se evalúa el uso de la evidencia, la
autoridad y la experiencia (Sinatra et al., 2014). Abarca un continuum que inicia con la
creencia de que el conocimiento se fundamenta en la observación (percepción
inmediata) y la autoridad, o en el sentimiento de lo que es correcto (creencia
ingenua); y en el otro extremo se sitúa la concepción de que el conocimiento se
justifica mediante la utilización de diferentes normas de investigación, de
evaluación y de integración de distintas fuentes de información, así como
también mediante el razonamiento (creencia sofisticada). La creencia
epistemológica ingenua sobre la justificación del conocimiento presenta
similitud con otro obstáculo epistemológico aportado por Bachelard (2000), que corresponde a la experiencia básica.
Esto debido a que ambas -creencia epistemológica ingenua sobre la justificación
del conocimiento y experiencia básica- priorizan la experiencia (datos
sensoriales) sobre una perspectiva crítica explícita. Estas dos posturas
podrían generar, en un investigador en formación, la idea de que la ciencia se
construye a partir de experiencias simples.
La epistemología personal, constituida por las dos
áreas y las cuatro dimensiones descritas, se ha considerado un factor esencial
para el aprendizaje, en tanto que forma parte de los procesos metacognitivos (Hofer, 2004) que permiten al aprendiz identificar aquello que
conoce o desconoce sobre algo, así como determinar cuáles son las características
de ese conocimiento; esto, de acuerdo con la autora, guarda relación con el
área Naturaleza del conocimiento, abordada previamente. También señala que las
creencias epistemológicas, como parte de los procesos metacognitivos, ejercen
influencia en la autorregulación del aprendizaje, es decir, permiten llevar un
seguimiento o monitoreo de cómo se efectúa el proceso de adquisición de
conocimientos y qué ajustes se podrían efectuar para garantizar que se alcancen
los objetivos de aprendizaje. Esto último se vincula con el área Proceso de
conocer, ya que, de acuerdo con Bromme, Pieschl y Stahl (2010), las creencias aportan
estándares internos que influyen en el monitoreo metacognitivo y en el control
de los procesos de aprendizaje.
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